Cómo escuchar de verdad a otra persona
Lo que recibes de una conversación depende de lo que estabas buscando al escuchar. Casi siempre no buscábamos nada, y por eso no nos llevamos nada.
Escuchamos mal casi todo el tiempo. No por falta de educación, sino por falta de intención.
La mayoría de las veces estamos escuchando nuestros propios pensamientos, nuestro ruido de fondo, en lugar de a la persona que tenemos enfrente. Salimos de la conversación con poco porque entramos sin buscar nada.
Aquí hay cinco formas distintas de escuchar. Cada una te devuelve algo diferente.
1. Escuchar la grandeza de la otra persona
Las personas poderosas tienen una habilidad en común: sacan lo mejor de los demás.
Es la capacidad de ver en alguien algo que esa persona todavía no ve con claridad en sí misma, y de dejarle el espacio para que lo reconozca y esté a la altura. Sin exigirle que cumpla tus expectativas.
Lo que hacemos normalmente es lo contrario: escuchamos desde nuestras opiniones y nuestros juicios. Y ese filtro decide lo que somos capaces de oír. Si decidiste de antemano que alguien es lento, o que no tiene nada que aportar, eso es exactamente lo que vas a escuchar.
Cuando sostienes a alguien como grande, le das permiso para serlo.
Esto tiene nombre: el efecto Pigmalión. Al escuchar a las personas como si ya fueran magníficas, las cualidades que esperas ver en ellas tienden a aparecer. Mientras las impulsas, ellas descubren posibilidades que antes no veían.
Hazlo de forma habitual y vas a ver cómo ganan confianza, hasta que llegan a verse a sí mismas como capaces de lograr lo que quieran.
Tienes el don de fortalecer a toda persona que entra en tu vida. Y todas ellas tienen ese mismo don para contigo.
2. Escuchar lo que el otro puede aportarte
Si entras a cada conversación esperando oír algo de valor, es bastante probable que salgas con ello.
Esto es fácil con alguien que ya consideras inteligente o interesante. Lo difícil es sostenerlo cuando la persona que habla no te parece así.
Si sueles escuchar con impaciencia —ese «ya, ve al grano» que llevamos por dentro— vas a tener que recordarte el compromiso de quedarte presente con alguien que habla lento y da muchas vueltas.
La forma en que alguien habla tiene poco que ver con lo que puedes sacar de la conversación.
3. Escuchar lo que es importante para el otro
Ponte en el mundo de la otra persona. Interésate por sus valores y por lo que le preocupa.
Desde ahí es muchísimo más fácil entender por qué piensa, habla y actúa como lo hace.
Los malentendidos que habrían terminado en pelea o en distancia se convierten en empatía, y la empatía abre la puerta a buscar terreno común. Cuando alcanzas a oír los compromisos del otro, actúas con una compasión que nace de haberte interesado de verdad en cómo es ser esa persona.
4. Escuchar con algo en juego
Lo que recibes de una conversación depende mucho de lo que tengas en juego.
Piensa en cómo escuchas las instrucciones de seguridad antes de despegar en un avión. Si eres como el resto de nosotros, no estás prestando atención. Estás leyendo, o distraído, calculando que las probabilidades de que ese avión se caiga son prácticamente nulas. Además, ya lo has oído mil veces.
Ahora imagina lo mismo a mitad del vuelo, cuando la tripulación anuncia que los motores fallaron.
Tu forma de escuchar siempre está en relación directa con lo que estás escuchando.
Para sacarle el máximo a cada conversación, escucha desde la idea de que toda persona tiene algo valioso que compartir. Tu trabajo es encontrarlo, sin importar quién sea, cuánto poder le atribuyas o cómo hable.
5. Escuchar las buenas intenciones del otro
Otra forma valiosa de escuchar es dar por hecho que cada persona actúa desde lo que ella considera buenas intenciones.
Ojo: no estoy diciendo que eso sea necesariamente cierto. Es, simplemente, una interpretación que te fortalece y que sostiene tus relaciones. Y resulta especialmente útil justo cuando toda la evidencia parece apuntar en sentido contrario.
Piensa en un jefe que te corrige delante de otros y te deja ardiendo. Es muy posible que, desde su mundo, esté intentando enseñarte algo, o quedar bien con alguien, o tapar su propia inseguridad. Nada de eso justifica cómo lo hizo. Pero cambia por completo lo que tú haces después.
Cuando te metes en el mundo del otro e intentas ver las cosas como las ve él, casi siempre puedes imaginar que actuó desde lo que para él eran buenas intenciones.
Esta forma de escuchar te permite construir una interpretación que deja viva la relación. A veces te servirá y a veces no. Es una herramienta más en tu caja.
Ejercicio: treinta días escuchando distinto
- Durante los próximos 30 días, practica una o varias de estas formas de escuchar: para que el otro reconozca su grandeza; para oír qué puede aportarte; para apreciar lo que le importa y cómo es ser él; con algo importante en juego, quizá la relación misma; y para oír sus buenas intenciones.
- En tu diario, anota cualquier descubrimiento o posibilidad nueva que haya aparecido por escuchar de estas maneras.
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