Cuando la tristeza se vuelve costumbre: 10 cosas que puedes hacer
La tristeza que se queda meses no es debilidad ni falta de ganas. Es una condición real, tiene tratamiento, y además hay cosas que puedes hacer tú.
Empecemos por lo más importante, porque todo lo demás depende de esto.
La depresión es una condición médica real. Según la Organización Mundial de la Salud, unos 322 millones de personas en el mundo viven con un trastorno depresivo: el 5,2 % de los adultos. Y existen tratamientos que funcionan.
Si llevas semanas o meses así, habla con un médico o con un profesional de la salud mental. Nada de lo que leas en este artículo —ni en ningún otro— reemplaza eso.
Si esto es más que una mala racha
Busca ayuda profesional si la tristeza lleva más de dos semanas, si te cuesta dormir o comer con normalidad, si perdiste el interés en cosas que antes disfrutabas, o si te cuesta cumplir con tu día a día. Y si alguna vez tienes pensamientos de hacerte daño, llama hoy mismo a un médico, a una línea de ayuda de tu país o a alguien de confianza. Eso no puede esperar.
Dicho eso, hay algo más que he visto en treinta años de trabajo con personas, y que puede acompañar al tratamiento. Nunca sustituirlo.
La tristeza también se vuelve costumbre
Los seres humanos reaccionamos a lo que nos pasa de tres maneras principales: con enojo, con miedo o con tristeza.
Para quien se queda en la tristeza, la cosa suele empezar temprano. Alguien dijo o hizo algo, y esa persona se quedó con algo negativo sobre sí misma, sobre los demás o sobre el mundo. Eso la puso triste y le bajó la autoestima.
Desde ahí empieza un hábito: ir juntando pruebas de que aquello era cierto. Y sin darse cuenta, va atrayendo situaciones y personas que lo confirman.
Con los años, uno se vuelve experto en encontrar razones para estar triste. No porque quiera estarlo, sino porque es el camino que su cabeza ya conoce.
Lo que la tristeza te paga
Esta parte es incómoda, así que la digo con cuidado.
Cuando una emoción se queda muchos años, casi siempre está recibiendo algo a cambio. No porque la persona sea débil ni porque lo esté haciendo a propósito. Simplemente porque así funcionamos.
Lo que la tristeza suele pagar es esto:
- Te deja sentir lástima por ti mismo, y eso alivia un poco
- Despierta la compasión de otros, que a veces es la única cercanía disponible
- Te permite ser la víctima de una historia que de verdad fue injusta
- Te libra de la responsabilidad de darle la vuelta a la situación
- Te da la razón sobre lo mal que están las cosas
- Te deja controlar a otros, o evitar que ellos te controlen a ti
Nada de esto es un reproche. Es un mapa. Reconocer qué está pagando la tristeza es lo que te deja empezar a buscar esa misma cosa en otro lado.
Diez cosas que puedes empezar
Ninguna de estas reemplaza un tratamiento. Van al lado de él.
1. Mira qué valores tuyos están siendo pisoteados. Tus valores son el tejido de quien eres: el amor, la libertad, la creatividad, la pertenencia, el respeto, la seguridad. Cuando uno de ellos lleva años sin honrarse, el cuerpo lo cobra. Identifica cuál es y qué haría falta para vivir de acuerdo con él.
2. Trabaja tus pensamientos uno por uno. Crea interpretaciones que te fortalezcan sobre lo que te pasa cada día. Toda situación difícil trae algo para tu crecimiento, aunque tarde en aparecer.
3. Practica la gratitud. Es imposible agradecer y sentir lástima por uno mismo al mismo tiempo, literalmente no caben las dos cosas. Busca lo bueno en cada situación. Que cada día sea tu día de dar gracias.
4. Usa la empatía cuando algo te duela. Todo el mundo actúa según cómo ve el mundo y tratando de protegerse. Pregúntate: «¿cómo tendrá que ser el mundo de esa persona para que diga o haga lo que hizo?». Decide que la conducta ajena te resulte interesante en lugar de ofensiva.
5. Renuncia a tomarte las cosas personalmente. No compres las opiniones negativas ni las visiones distorsionadas de otros. Responde al enojo con amor y al miedo con comprensión.
6. Decide perdonar a quienes te lastimaron. Toda experiencia, y sobre todo las duras, trae algo que suma a tu sabiduría y a tu empatía. Al perdonar a otros cierras tu pasado y abres la puerta a perdonarte a ti.
7. Busca a alguien que te acompañe. Un coach, un grupo, un programa de desarrollo personal. Alguien que te muestre lo que tú no alcanzas a ver y que te sostenga mientras aprendes a mirarte sin castigarte.
8. Escribe una visión que te dé ganas. Qué quieres tener, hacer y ser dentro de uno, tres, cinco y diez años. Cubre las seis áreas: tu salud, tu dinero, tu trabajo, tus relaciones, tu desarrollo personal y espiritual, y cómo te vas a divertir. Después da pasos pequeños todos los días hacia ahí.
9. Pon diversión en tu semana a propósito. Un pasatiempo nuevo, una amistad, algo que te dé curiosidad. Una cosa divertida al día, aunque sea chica, aunque no tengas ganas. Sobre todo si no tienes ganas.
10. Saca el foco de ti. Busca a alguien a quien aportarle tu tiempo. Ofrécete como voluntario en un comedor, en un asilo, en un hospital. Decide dejar a cada persona con la que te cruces un poco mejor de como la encontraste. Dar es lo que más rápido te devuelve.
Lo que esto sí puede hacer
Nada de esto hace que la tristeza desaparezca de un día para otro. No se trata de decidir ser feliz, porque nadie puede decidir eso a voluntad.
Se trata de ir cambiando, poco a poco y con ayuda, la forma en que interpretas lo que te pasa. Y de que la próxima vez que te sientas bajoneado tengas algo que hacer además de esperar.
No tienes que hacer las diez. Empieza por una esta semana.
Y si llevas tiempo así, por favor habla con un profesional. Esto funciona mucho mejor acompañado.
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